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Aquí tiene su cambio

Si bien el uso de tarjetas de crédito y débito se ha popularizado alrededor del mundo, todavía hay compras pequeñas que realizamos con dinero contante y sonante.

Por ejemplo, para utilizar el transporte público, ya sea un bus o un taxi, generalmente no podemos realizar el pago de otra forma que no sea en efectivo.

Pues bien al ir en bus, a veces es preferible llevar lo justo, y es que ocurre algo particular. Pareciera que guardan las monedas de menor denominación para darte el cambio. Ni se te ocurra pagar con un billete grande, porque tomaría tiempo y cuando te bajas del bus, y si no eres demasiado confiado al contar es probable que te falte dinero.

El caso de los taxis, al menos por este lado del mundo es algo más complicado. El taximetro marca un valor específico, y al momento de pagar, el señor conductor redondea a su buen saber y entender, obviamente a beneficio suyo. También es muy común que nunca lleve consigo demasiadas monedas y/o billetes con lo cual es muy usual que te pida que tengas disponible un valor aproximado al que sueles pagar en esa ruta.

Pensando en este asunto del “cambio”, también me surgió la duda. Cuando haces tus compras en el mercado, supermercado o tienda, con la prisa ¿te das el trabajo de contar que el cambio sea el correcto hasta el último centavo? o ¿prefieres confiar ciegamente en la honestidad y habilidad con los números del vendedor o cajero?

Imagen

En lo personal puedo decir que me ha pasado que el cambio ha sido incorrecto, ya sea de más o de menos. Y solo me he dado cuenta cuando necesito realizar otra compra o pago y me sobra o me falta dinero.

Habría que convertir en hábito contar el dinero que recibimos cuando pagamos algo, pues podemos perjudicar a otros o salir perjudicados, aunque más no sea por unas cuantas monedas.

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1 Response to “Aquí tiene su cambio”


  1. 1 zebisdead
    20 de septiembre de 2012 en 23:04

    El cambio, los sueltos, las monedas, la calderilla, el sencillo, como quieras llamarlo en esta ancha geografía de nuestra lengua, su presencia o ausencia está ahí para recordarnos el valor relativo del dinero, podemos llevar muchos billetes grandes encima y ser los más pobres del lugar, recordandonos que el dinero es a fin de cuentas solo un medio para salir adelante, para compensar a otro por su esfuerzo para darnos algo que queremos/necesitamos (como movernos de A a B). Y las monedas tienen todavía esa atracción de unirnos a tiempos muy lejanos, donde todo era diferente, excepto esas piezas metálicas que se entregaban a cambio de algo. El dinero electrónico avanza cada día más, pero algo en nuestra memoria ancestral nos hace todavía desconfiar de tantos 1 y 0s, bytes, chips, firmas virtuales, queremos sentir nuestro dinero, escucharlo, verlo brillar y que mejor que las monedas tan venidas a menos, pero al mismo tiempo tan simbólicas y en esos momentos de pequeñas transacciones, más útiles que todas las tarjetas y medios electrónicos del mundo.

    Y el recibir vuelto es en cierta forma un acto de fe, de confianza en que todas esas monedas son la cantidad exacta. en lo personal esa confianza pocas ocasiones me ha fallado, más bien me han hecho recobrar mi fe en la especie humana todos esos momentos en que la honradez de aquel situado al otro la do del mostrador me ha hecho dar cuenta que había entregado una cantidad mayor a la que mis propios cálculos estimaban.


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