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20
Ago
12

El chicle en el zapato

Sales apurado de tu casa u oficina con un destino no muy lejano. No hay necesidad de usar el auto, pues solo son un par de cuadras. Un paso, otro paso y de repente ocurre lo imprevisto… sientes que la suela de tu calzado ha resbalado ligeramente. No te detienes puesto que tienes prisa. Al rato te das cuenta de que tu paso ha cambiado, algo estorba. Te detienes. Levantas el pie. Giras la planta hacia ti y es entonces que con desagrado miras la goma de mascar adherida cuidadosamente en un sitio estratégico de la suela de tu zapato.

¿Qué hacer? El tiempo corre y debes llegar a tu cita cuanto antes. ¿Qué hacer?, te preguntas nuevamente. Entonces vas por la opción más común en estos casos. Rozar el calzado contra el filo de la vereda, hecho que empeora las cosas puesto que el chicle se ha estirado y ahora cubre buena parte de la suela.

La desesperación se va apoderando de todo tu ser, empiezas a sudar frío, pero solo tienes dos opciones: Retirar el objeto pegajoso de tu zapato, o bien, seguir caminando algo fastidiado. Optas por hacer un nuevo intento de quitar el chicle. Esta vez se te ha ocurrido algo genial, buscar un papel (seria imperdonable tocar con tus propias manos algo que proviene de la boca de alguien y que contiene seguramente vestigios de saliva extraña) y retirar minuciosamente el objeto.

El intento fracasa, el papel se rompe y algunos fragmentos han quedado adheridos al zapato.

El tiempo corre, y se te hace tarde. ¡Quitar o no quitar el chicle del zapato! he ahí el dilema. Llegar tarde no es una opción, así que con toda la incomodidad que esto conlleva, decides seguir tu trayecto sintiendo que cada pequeña cosa que aparece en el camino, quedará pegada (indirectamente) a ti.

Llegas a tu destino, y te das cuenta de que el chicle ya no está. Aliviado, respiras, tu corazón vuelve a su sitio. Al desocuparte de tu compromiso, nuevamente sientes que al pisar tu pie ha resbalado… La historia vuelve a comenzar.

08
Ago
12

Turistas…

Aquí o allá, queramos o no, son parte de toda ciudad. Observándolos detenidamente todos ellos tienen algunos rasgos en común.

  • Generalmente van en grupo.
  • Llevan sombreros y/o gafas, haga o no haga sol.
  • Por alguna razón extraña creen que van de safari, y usan pantalones cortos y sandalias.
  • Uno de los accesorios que no puede faltar es el tan estético y práctico “canguro” (o en su defecto un horrible bolso artesanal)
  • Cuando alguien de la localidad les explica algo, ponen cara de circunstancia.
  • Para ellos, hasta el objeto más insignificante es digno de una expresión de admiración (comúnmente un “Wow!” )
  • Son especialistas en comprar objetos inútiles (pero decorativos)
  • Viajan hasta el otro lado del mundo, pero a la hora de la comida suelen buscar un sitio de “fast food”. (Y piden el mismo menú que en su tierra)
  • Toman 50 fotografías del mismo paisaje, escultura, pintura, etc. (Sin cambiar de perspectiva).
  • Dependiendo de su generación y su poder adquisitivo, postean e indican su precisa ubicación, en alguna consabida red social, desde su smartphone o tablet.
  • A pesar de ser desconfiados, muchas veces se fían de algún pillo local que hablándoles en su idioma les ofrece por unos “pocos” dólares, el paseo de sus vidas. (con suerte saldrán bien librados).
  • Cuando algo es caro, les parece barato y viceversa.

¿Qué próximamente te vas de vacaciones a otro país? Entonces toma en cuenta estos datos, para no convertirte en uno de estos seres y que puedas disfrutar como se debe de la experiencia de conocer un nuevo lugar.

Imagen

14
Abr
11

El Pasaje de Bus

Al parecer los transportistas en Ecuador, se han sentido “afectados” por las modificaciones a la ley de tránsito y ahora plantean una revisión a las tarifas de los pasajes de bus. Honestamente, el servicio es tan deplorable, que a menos que no se planteen cambios de fondo, no pagaría ni un centavo  más. Apretujad@s, maltratad@s, empujad@s, siendo testigos día a día de cómo juegan a las carreras unos con otros, exponiendo su vida y la de todos los pasajeros. Un buen servicio, podría merecer una revisión de tarifas, pero argumentar que una ley más estricta les afecta y que para cambiar su actitud deben cobrar más es realmente ser sin vergüenza.

22
Feb
10

Incomodidades del transporte público

No es algo de lo que nadie ya se haya quejado antes.  Hace unos días, quise trasladarme hacia el centro de mi ciudad, y el método conveniente para ese momento era el transporte público.

Todo estuvo bien, hasta que llegó el momento clave de ingresar a la unidad articulada. No había prácticamente espacio. Codazos, empujones, hasta que logré ubicarme en algún sitio.

Olores de todo tipo, no precisamente de los más agradables me aguardaban allí, a todo esto con la lluvia que caía en aquel momento, quienes se ubicaron cerca de las ventanas, decidieron mantenerlas cerradas. Francamente hubiese preferido mojarme que tener que ir con ese olor tóxico en mi nariz.

Afortunadamente el trayecto duraba una media hora, el problema fue,  querer salir. No estaba lejos de la puerta, pero debí sortear toda clase de obstáculos, se repitieron los codazos, los empujones, los golpes involuntarios. Pensé que no lo lograría, pero al fin al salir, di un respiro y estaba fuera.

Que sea público, no debería ser sinónimo de “pésimo”, “incómodo”, “maloliente”. Todas las personas merecen un transporte que les lleve a su destino con comodidad y seguridad.  Es complicado que las autoridades se den cuenta de estos problemas cuando probablemente nunca en su vida han tenido que pasar por semejantes atropellos.

09
Sep
09

Minutos frente a un semáforo

Siguiendo la misma ruta, cada día cerca de las 18h00 regreso desde el trabajo a mi casa, ya sea a pie o en bicicleta.

En teoría un semáforo da 30 segundos promedio para cruzar, y 30 segundos de espera. Digo en teoría porque en la práctica, el penúltimo que debo cruzar para llegar a mi destino, puede tomarme varios minutos antes de poder ser cruzado.

Existe un paso cebra, hornamental prácticamente, porque a hora pico, y por estar cerca de un redondel, es muy complicado llegar hasta el otro lado.

En esos minutos que permanezco de pie frente al cambio de verde a amarillo, a rojo, a verde otra vez puedo escuchar los comentarios de las personas que están a mi lado haciendo el mismo intento.

semaforo

-¡No hay semáforos para peatones!

-¡Los autos son dueños de la calle!

-¡Nadie cede el paso!

Y como este cruce, tantos otros en las distintas ciudades del mundo, con una sola diferencia, en otros lugares, escasos quizá, el paso cebra implica un respeto al peatón, a quien cruza.

Aquí los autos viven apresurados por llegar quien sabe a donde. Tal es su prisa que olvidan que también en algún momento ellos ya también en algún momento deberán bajar del vehículo para movilizarse como cualquier ser humano.

Al subir a un carro, la gente cambia, su rostro se modifica, su lenguaje ya no es tan educado y la agresividad prima ante todo.

No perderán nada dando paso a unos 10 peatones que intentan cruzar la avenida, lo que pasa es que lo ignoran, ignoran que quizá obtendrán una sonrisa de agradecimiento por aprender a convivir en la selva de cemento.

Pasan los minutos y una casualidad me permite seguir mi trayecto.

02
Ago
09

Dar direcciones a un extraño

Solo una interacción de unos pocos minutos, palabras acompañadas con gestos para ser más enfáticos, pero cuando termina nos sentimos más ligeros, más alegres de haber ayudado a alguien más, venido de donde sea, de cualquier condición, a encontrar su camino, ubicar donde se está parado. Incluso damos unos pocos pasos siguiendo al extraño, para asegurarnos que entendió bien.

Creo que a todos nos pasa, quizás es la prueba que los humanos somos buenso en el fondo. O, visto más cinicamente, disfrutamos de ese sensación de superioridad que da el saber que sabemos más que otro, y que el otro sabe que sabemos más.

Pero incluso esta pequeña interacción ya se ha corrompido, ahora debes tener cuidado si alguien te da un papel con la presunta direcciòn, mirar si no se acerca alguien más mientras estas ocupado dando la dirección, y no hacerlo jamás por las noches. Desgraciadamente, en la versión moderna de la parábola, los fariseos que pasaron de largo fueron astutos y a ellos debemos imitarlos: resulta que el herido del camino era solo un señuelo mientras sus compinches esperaban ocultos, y fue el pobre del buen samaritano el que termino herido y sin ninguna de sus pertenencias, o, alternativamente, fue a dar con sus huesos a la carcel pq el herido lo acusó de haberlo atacado. ¿el hombre lobo del hombre?

05
Jul
09

¿MALDICIÓN DE LA MASA?

masasHay dos cosas que puedes hacer cuando algo te gusta de verdad: contárselo a todos para que compartan aquello que te gusta, o guardártelo para ti y un pequeño grupo selecto. Quizás la segunda puede sonar muy egoísta o exclusivista, pero en mi opinión las consecuencias de la primera alternativa son peores. Querámoslo o no, cuando algo pasa a ser “masivo” deja de ser lo que fue, su esencia queda en alguna parte del camino. Y cuando todos comparten tus gustos dejas de sentirte original, diferente, particular, para ser uno más del montón.

Pero al mismo tiempo la masa quizás es necesaria para que aquello que es bueno perdure. Tomemos el caso de algún pequeño restaurante familiar que descubres en una calle poco transitada: La sazón es exquisita, el cocinero atiende personalmente en cada mesa y prepara cada plato a pedido. Puedes guardártelo para ti o contárselo solo a unos pocos amigos, pero el pequeño restaurante no podrá sobrevivir con tan pocos clientes y necesitará que le cuentes de su existencia a todos los que puedas. Por otro lado, si todo el mundo se entera de su existencia y arriban en masa, el pequeño restorán dejará de ser lo que fue: tendrá que expandirse, contratar otros cocineros, tener una carta estandarizada, etc. quizás la sazón y la atención que descubriste y te cautivo en primer lugar desaparecerán y tendrás otro restaurante más del montón.

Estamos entonces en un callejón sin salida: sociedades cada vez más masificadas en las que todos buscan ser diferentes, pero la atracción de lo diferente termina anulando esta característica. Lo “alternativo” deja de serlo precisamente el día que le pones ese membrete. Quizás la solución esté en cada uno, no definirte en función de los demás sino de ti mismo (¡demasiado fácil de decir!)




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