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07
Sep
12

Su rostro me es familiar…

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Sales a la calle, tienes una reunión, vas a realizar una compra, en fin, haces tu vida normal y de pronto se te acerca alguien que te saluda efusivamente.

Por tu mente pasan miles de ideas, pero ni de casualidad sabes de quien se trata, su rostro te es familiar, sin embargo y por ser algo recíproco con tu interlocutor, saludas de manera amigable.

La situación empeora, éste ser extraño, te trata por tu nombre, sabe mucho de tu vida, y en este breve diálogo incluye detalles que te hacen pensar que es imperdonable que no recuerdes de quien se trata.

Preguntas generalidades tales como: ¿Que tal el trabajo? ¿Como está la familia? ¿Hace cuanto que no nos vemos?… Y sabes que debes ser cuidadoso, porque al mínimo error, podrías hacer notar que no tienes la más remota idea de con quien estás hablando.

El o la desconocida se despide y a ti te queda una fea sensación. O bien estás empezando a perder la memoria, o de plano la tuya es muy mala.

Pueden pasar minutos, horas, días, meses, incluso años y de pronto, de la nada viene a tu mente un leve recuerdo y dices: ¡Ah! pero si se trataba de X persona! ¿Cómo pude olvidarlo?

Confiésalo, te ha pasado más de una vez!

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29
Ago
12

Top 10 de las excusas más frecuentes por llegar tarde

¿Por qué siempre que se nos hace tarde a una cita inventamos una excusa?

Mi madre solía decir “Excusas no pedidas, faltas cometidas”. Seguramente que si, que en el fondo cuando inventamos una excusa por haber llegado tarde a un encuentro, cita, entrevista, sabemos que tenemos la culpa (o buena parte de ella).

Al mirar el reloj y notar que ya se pasó la hora de llegada, en el trayecto empezamos a pensar cual será la mejor excusa.

A continuación, anoto las 10 más comunes:

  1. “El tráfico estaba imposible”.
  2. “¿Que no nos íbamos a encontrar más tarde?”
  3. “Tuve bastante trabajo hoy”.
  4. “Se me detuvo el reloj y no me di cuenta de que era tarde”.
  5. “No encontraba taxi”.
  6. “Hubo un accidente en la vía”
  7. “Se dañó el ascensor y me quedé atrapado/a”.
  8. “Te envié un mensaje avisándote que llegaría más tarde ¿no te llegó?”.
  9. “Tenía cita con el médico, pero otro paciente llegó tarde y me atendió luego y se me acabó el saldo y no tenía como avisarte”
  10. “Ni te imaginas todas las cosas que pasé para poder llegar… pero bueno ¿Más vale tarde que nunca?”

En vez de andar inventando excusas, bastaría con un “lo siento”.

20
Ago
12

El chicle en el zapato

Sales apurado de tu casa u oficina con un destino no muy lejano. No hay necesidad de usar el auto, pues solo son un par de cuadras. Un paso, otro paso y de repente ocurre lo imprevisto… sientes que la suela de tu calzado ha resbalado ligeramente. No te detienes puesto que tienes prisa. Al rato te das cuenta de que tu paso ha cambiado, algo estorba. Te detienes. Levantas el pie. Giras la planta hacia ti y es entonces que con desagrado miras la goma de mascar adherida cuidadosamente en un sitio estratégico de la suela de tu zapato.

¿Qué hacer? El tiempo corre y debes llegar a tu cita cuanto antes. ¿Qué hacer?, te preguntas nuevamente. Entonces vas por la opción más común en estos casos. Rozar el calzado contra el filo de la vereda, hecho que empeora las cosas puesto que el chicle se ha estirado y ahora cubre buena parte de la suela.

La desesperación se va apoderando de todo tu ser, empiezas a sudar frío, pero solo tienes dos opciones: Retirar el objeto pegajoso de tu zapato, o bien, seguir caminando algo fastidiado. Optas por hacer un nuevo intento de quitar el chicle. Esta vez se te ha ocurrido algo genial, buscar un papel (seria imperdonable tocar con tus propias manos algo que proviene de la boca de alguien y que contiene seguramente vestigios de saliva extraña) y retirar minuciosamente el objeto.

El intento fracasa, el papel se rompe y algunos fragmentos han quedado adheridos al zapato.

El tiempo corre, y se te hace tarde. ¡Quitar o no quitar el chicle del zapato! he ahí el dilema. Llegar tarde no es una opción, así que con toda la incomodidad que esto conlleva, decides seguir tu trayecto sintiendo que cada pequeña cosa que aparece en el camino, quedará pegada (indirectamente) a ti.

Llegas a tu destino, y te das cuenta de que el chicle ya no está. Aliviado, respiras, tu corazón vuelve a su sitio. Al desocuparte de tu compromiso, nuevamente sientes que al pisar tu pie ha resbalado… La historia vuelve a comenzar.

08
Ago
12

Turistas…

Aquí o allá, queramos o no, son parte de toda ciudad. Observándolos detenidamente todos ellos tienen algunos rasgos en común.

  • Generalmente van en grupo.
  • Llevan sombreros y/o gafas, haga o no haga sol.
  • Por alguna razón extraña creen que van de safari, y usan pantalones cortos y sandalias.
  • Uno de los accesorios que no puede faltar es el tan estético y práctico “canguro” (o en su defecto un horrible bolso artesanal)
  • Cuando alguien de la localidad les explica algo, ponen cara de circunstancia.
  • Para ellos, hasta el objeto más insignificante es digno de una expresión de admiración (comúnmente un “Wow!” )
  • Son especialistas en comprar objetos inútiles (pero decorativos)
  • Viajan hasta el otro lado del mundo, pero a la hora de la comida suelen buscar un sitio de “fast food”. (Y piden el mismo menú que en su tierra)
  • Toman 50 fotografías del mismo paisaje, escultura, pintura, etc. (Sin cambiar de perspectiva).
  • Dependiendo de su generación y su poder adquisitivo, postean e indican su precisa ubicación, en alguna consabida red social, desde su smartphone o tablet.
  • A pesar de ser desconfiados, muchas veces se fían de algún pillo local que hablándoles en su idioma les ofrece por unos “pocos” dólares, el paseo de sus vidas. (con suerte saldrán bien librados).
  • Cuando algo es caro, les parece barato y viceversa.

¿Qué próximamente te vas de vacaciones a otro país? Entonces toma en cuenta estos datos, para no convertirte en uno de estos seres y que puedas disfrutar como se debe de la experiencia de conocer un nuevo lugar.

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14
Abr
11

El Pasaje de Bus

Al parecer los transportistas en Ecuador, se han sentido “afectados” por las modificaciones a la ley de tránsito y ahora plantean una revisión a las tarifas de los pasajes de bus. Honestamente, el servicio es tan deplorable, que a menos que no se planteen cambios de fondo, no pagaría ni un centavo  más. Apretujad@s, maltratad@s, empujad@s, siendo testigos día a día de cómo juegan a las carreras unos con otros, exponiendo su vida y la de todos los pasajeros. Un buen servicio, podría merecer una revisión de tarifas, pero argumentar que una ley más estricta les afecta y que para cambiar su actitud deben cobrar más es realmente ser sin vergüenza.

22
Feb
10

Incomodidades del transporte público

No es algo de lo que nadie ya se haya quejado antes.  Hace unos días, quise trasladarme hacia el centro de mi ciudad, y el método conveniente para ese momento era el transporte público.

Todo estuvo bien, hasta que llegó el momento clave de ingresar a la unidad articulada. No había prácticamente espacio. Codazos, empujones, hasta que logré ubicarme en algún sitio.

Olores de todo tipo, no precisamente de los más agradables me aguardaban allí, a todo esto con la lluvia que caía en aquel momento, quienes se ubicaron cerca de las ventanas, decidieron mantenerlas cerradas. Francamente hubiese preferido mojarme que tener que ir con ese olor tóxico en mi nariz.

Afortunadamente el trayecto duraba una media hora, el problema fue,  querer salir. No estaba lejos de la puerta, pero debí sortear toda clase de obstáculos, se repitieron los codazos, los empujones, los golpes involuntarios. Pensé que no lo lograría, pero al fin al salir, di un respiro y estaba fuera.

Que sea público, no debería ser sinónimo de “pésimo”, “incómodo”, “maloliente”. Todas las personas merecen un transporte que les lleve a su destino con comodidad y seguridad.  Es complicado que las autoridades se den cuenta de estos problemas cuando probablemente nunca en su vida han tenido que pasar por semejantes atropellos.

09
Sep
09

Minutos frente a un semáforo

Siguiendo la misma ruta, cada día cerca de las 18h00 regreso desde el trabajo a mi casa, ya sea a pie o en bicicleta.

En teoría un semáforo da 30 segundos promedio para cruzar, y 30 segundos de espera. Digo en teoría porque en la práctica, el penúltimo que debo cruzar para llegar a mi destino, puede tomarme varios minutos antes de poder ser cruzado.

Existe un paso cebra, hornamental prácticamente, porque a hora pico, y por estar cerca de un redondel, es muy complicado llegar hasta el otro lado.

En esos minutos que permanezco de pie frente al cambio de verde a amarillo, a rojo, a verde otra vez puedo escuchar los comentarios de las personas que están a mi lado haciendo el mismo intento.

semaforo

-¡No hay semáforos para peatones!

-¡Los autos son dueños de la calle!

-¡Nadie cede el paso!

Y como este cruce, tantos otros en las distintas ciudades del mundo, con una sola diferencia, en otros lugares, escasos quizá, el paso cebra implica un respeto al peatón, a quien cruza.

Aquí los autos viven apresurados por llegar quien sabe a donde. Tal es su prisa que olvidan que también en algún momento ellos ya también en algún momento deberán bajar del vehículo para movilizarse como cualquier ser humano.

Al subir a un carro, la gente cambia, su rostro se modifica, su lenguaje ya no es tan educado y la agresividad prima ante todo.

No perderán nada dando paso a unos 10 peatones que intentan cruzar la avenida, lo que pasa es que lo ignoran, ignoran que quizá obtendrán una sonrisa de agradecimiento por aprender a convivir en la selva de cemento.

Pasan los minutos y una casualidad me permite seguir mi trayecto.




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